HABLAR CLARO

En el final de temporada o al principio de la nueva, todos las entidades pasan el mal trago de crear la lista de jugadores que compondrá cada plantilla en las diferentes categorías. Estas decisiones provocan un gran estrés en coordinadores, entrenadores, niños y familias. Hoy me voy a referir los problemas que se originan en los clubes de élite, primera división concretamente.

En mi opinión, en la mayoría de los casos, estas situaciones están mal enfocadas desde todos los puntos de vista: coordinadores, técnicos, familias y jugadores. El denominador común es la FALTA DE COMUNICACIÓN o COMUNICACIÓN POCO CLARA. Es muy importante hablar claro desde

el inicio, evitar las confusiones, las malas interpretaciones que se pueden producir cuando se deja para "otro momento más oportuno", aplazando en la medida de lo posible, las malas noticias.

COORDINADOR.

Debe dejar claro, desde el ingreso del nuevo jugador, en qué club están, qué se espera del futbolista y de la familia, qué pueden esperar de la entidad, del coordinador y de su entrenador. En principio, los chicos SOLO ESTARÁN POR UN AÑO bajo la disciplina del club, cortando de raíz todas las ilusiones futuras sobre posibles contratos profesionales, a los que son tan dados los muchachos de estas edades. Si los padres inculcan esta idea, la de aprovechar al máximo los aprendizajes obtenidos durante la temporada, disfrutando del momento, posiblemente se eviten traumas futuros en sus hijos.

Considero fundamental que no se deje ningún punto suelto, por lo que las reuniones grupales e individuales deberían tener una periodicidad mínima de una cada trimestre. Con esta medida se recuerda a los padres y niños las ideas básicas tratadas al inicio del año, además de informar de la evolución del chico u otros temas que vayan surgiendo en el transcurso de la temporada.

El puesto de coordinador no es eterno, conlleva un desgaste tremendo debido a que los problemas grupales e individuales de todos los equipos pasan por su despacho, complicando las relaciones personales y profesionales. No vendría nada mal una dosis generosa de EMPATÍA desde los otros componentes del fútbol formativo para entenderles.

ENTRENADORES.

El primer mandamiento de un técnico es NO prometer algo que luego no vaya a cumplir. En ocasiones se dicen cosas, con buena intención, pero que son complicadas de mantener. La función del entrenador es mejorar a cada uno de sus jugadores, en todos los aspectos del juego y si es posible, ayudar a los chicos en aspectos externos a la cancha, tales como vida personal o los estudios.

Los técnicos también están contratados SOLO POR UN AÑO, por lo que la decisión final de si un jugador sigue o no en el club, NO LE CORRESPONDE A ÉL. La suya es una opinión importante, pero no definitiva. El grupo de coordinadores y el de captación tendrán en cuenta otros factores para decidir sobre las altas y bajas en cada categoría, tales como rendimiento deportivo, comportamiento dentro y fuera del terreno de juego, competencia y nivel de otros compañeros, nivel de otros chicos vistos en otros clubes.

El entrenador debe ser un buen ejemplo de madurez y sensatez personal, además de un excelente profesional. En demasiadas ocasiones recibe presiones excesivas, desde todas partes, para hacer funciones que exceden de sus competencias. Ganar, formar, educar, gestionar. Otra buena dosis de EMPATÍA, para entender y respetar a estos profesionales, no vendría nada mal.

FAMILIAS.

Llegan con mucha ilusión, tanta, que a veces les nubla la razón. Hay que explicarles que para que su hijo entre a formar parte del club, Barcelona, Valencia, Sevilla, OTRO NIÑO ha tenido que salir. Este es un proceso natural, del que nadie escapa. Insisto en explicarles las cosas muy claras siempre, al comienzo y durante el año. Hacerles ver que solo estarán por una temporada. Seguir o

no, dependerá de muchos factores que poco tendrán que ver con simpatías o fobias de entrenadores, coordinadores o compañeros. Lo habitual es llegar con mucha alegría convencidos de que los méritos deportivos de su hijo le han llevado hasta la entidad, de la que todo son alabanzas. Cuando deben abandonarla, al cabo de uno, dos o tres años, se achacan excusas varias como "enchufismo", mala praxis del entrenador, malos compañeros o falta de tacto, de comunicación con el coordinador, que no les ha convencido con las razones expuestas para dar la baja al chaval.

Los clubes profesionales deberían crear una escuela de padres, alguno la tendrá, que ayuden a las familias a llevar con sentido común este proceso único en la vida deportiva del muchacho. Sería la aportación de EMPATÍA necesaria para entender a los padres y madres, desde todos los estamentos del club.

NIÑOS.

Aprovechar el momento. Disfrutar de los compañeros, entrenadores, campos, rivales, materiales y condiciones de entrenamiento. Pasan de jugar con sus amigos de toda la vida a COMPETIR por alcanzar un sueño. Ser jugador profesional es muy complicado y corresponde a los entrenadores y a los padres, recordarles a los pequeños lo complicado que es. Sus esfuerzos puede que no tengan la recompensa ansiada y hay que prepararlos para ello. "Los pies en el suelo en todo momento".

Deberían saber valorar y agradecer el esfuerzo que hacen todas las personas que están a su alrededor, especialmente las familias con los viajes y esperas para entrenamientos, partidos, haga frío o calor. Y si las cosas no salen como se tenía previsto, se buscan otras alternativas donde seguir disfrutando de esa pasión. Las experiencias deben servir para madurar, no para amargarse la existencia con envidias, rencores y malos pensamientos.

Tampoco vendría nada mal la EMPATÍA hacia los más pequeños, para entenderles y mejorarles, por parte de todos aquellos que estamos cerca de su formación y educación.

Hablar claro, sin rodeos, evita una gran cantidad de problemas. Pongámoslo en práctica.

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